Trio:Las reglas del juego

-¿ERES IMBECIL O ESTAS BORRACHO?
En realidad no me esperaba otra respuesta. ¿Qué contestarías tú si un amigo te llamara a deshoras para contarte que una antigua novia, muerta, te ha llamado para quedar en tu casa?
He intentado razonar con Alonso (¿se puede razonar a alguien con una historia así?), expresarle lo asustado que estaba, lo seguro que estoy de que era la voz de Paula, de que sigue con vida, por mucho que nos pueda parecer imposible, y de que me ha hablado al teléfono como si no la hubieramos asesinado, como si el día que perpetramos nuestro crimen nunca hubiera existido, como si ella sólo hubiera estado una temporada fuera, y ahora regresara con toda normalidad, con ganas de vernos.

Pero Alonso no me ha creído, claro. Yo tampoco lo habría hecho. Se ha limitado a decir que venía ahora mismo para mi casa y tras exclamarme “Tú estas mal”, ha colgado sin más.

Ahora estoy aqui solo en mi casa de campo, viendo cómo anochece y con la seguridad de que un fantasma vendrá a visitarme. Me he servido un güisqui y me he sentado en el sofá, permitiendo que los recuerdos afloren en mi mente.

Los problemas comenzaron un año después de que Alonso y yo compartieramos a Paula como amante. De hecho, yo siempre tuve la certeza de que algo malo sucedería cuando esta inusual relación comenzara a prolongarse en el tiempo.

Cuando volví a ver a Paula tras nuestro primer encuentro amoroso, nuestro “first fuck” como le gustaba llamarlo a ella, no me comentó nada sobre su posterior encuentro sexual con Alonso, ni si había vuelto a verlo y tampoco yo le pregunté.
Volvimos a acostarnos esa noche y las siguientes. Incluso realizamos una escapada de cuatro días al extranjero, como si de una luna de miel se tratase. A la vuelta del viaje y mientras yo me enfrascaba de nuevo en mi trabajo, Alonso y ella volvieron a verse a escondidas de mí. Paula misma me lo confesó. Yo pensaba que mi amistad con Alonso estaba por encima de todo y no quise que este incidente la enturbiara.
Cuando conseguimos comprender a Paula y darnos cuenta de que no había ningún tipo de malicia por parte de nadie, los hechos comenzaron a suceder con absoluta naturalidad. Jamás hubo celos, riñas ni disputas; aunque hacia el final, decidimos repartirnos los días democráticamente y con precisión aritmética: lunes, martes y miércoles, ella y yo estaríamos juntos. Los jueves, viernes y sábados pertenecían a Alonso y Paula. Los domingos los dedicabamos a visitar a neustras familias o a descansar. El domingo nadie se veía con nadie: Esas eran las reglas del juego. O eso creía yo.

Jamás pregunté a ninguno de los dos a qué se dedicaban en sus tres días o con cuanta frecuencia lo hacían, aunque me moría de ganas por saber. Estaba seguro de que Alonso y Paula eran igual de discretos para conmigo. Si alguna vez se les pasó por la mente la idea de variar la naturaleza de nuestro trío, ninguno tuvo el valor de mencionarlo. Nunca hicimos sexo a tres, aunque sospecho que a Paula le hubiese gustado, pero no lo llevamos a cabo.

Suena de nuevo el teléfono. Tengo que interrumpir este post. Que no sea Paula. Que no sea el fantasma.

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~ por netilium en junio 1, 2007.

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