Paula debe morir: La 1ª noche.

Alonso comunica, el muy cretino. Tengo que contarle de manera creible que el fantasma de Paula va a presentarse en mi casa, y él no coge el teléfono.

Me ha venido a la mente el recuerdo de la primera vez que me acosté con Paula. Fue en la noche en que celebrábamos su ascenso en la empresa. Ella era insultántemente joven pero su mente privilegiada para la programación avanzada ya le estaba permitiendo hacerse un hueco de importancia en el trabajo. Yo apenas si la conocía, eramos amigos de otros amigos, pero esa noche ya no pude apartar la vista de su mirada, de la sonrisa dibujada en las curvas de su cuerpo esbelto y tan bien proporcionado.
No pude evitar acercarme a ella y para mi delirio, Paula abandonó el grupo que la agasajaba para comenzar a charlar conmigo. Ni siquiera recuerdo de qué hablamos aquella noche, solo retengo en mi memoria que ella reía con facilidad con mis bromas. Dicen que cuando tienes facilidad para hacer reir a una mujer, tienes más de medio camino recorrido para llegar a ella.

Nos comenzamos a besar en los mismos servicios del bar y ya no nos detuvimos hasta que llegamos a mi pequeño apartamento de soltero. No soy sincero si digo que jamás he disfrutado tanto como aquélla noche. Miento si afirmo eso porque fueron muchas las noches de sexo con Paula que marcaron para siempre el resto de mis relaciones.

Muy poco después recibi dos llamadas. La primera de Paula, para confesarme que la noche después de que nos acostáramos, había vuelto a hacer el amor, esta vez con Alonso, mi mejor amigo. Me preguntó si eso me ofendía. Contesté que en realidad no, y creí ser sincero. Después de todo, Paula y y habíamos hecho lo mismo la noche previa y veinticuatro horas de antelación no me daban ninguna exclusividad sobre Paula.
Más tarde fue el mismo Alonso el que marcó mi número, rogándome que lo perdonara. Le pedí que no se preocupara: Paula no era mi novia. Nos habíamos acostado tras la fiesta porque a ambos nos apetecía y al día siguiente, también mi amigo había caído rendido ante los evidentes encantos de la chica. Cuando se está de acuerdo en la libertad del individuo en general y de la sexual en particular, hay que aceptar las normas del juego.
No había ningún tipo de problema… en ese momento, claro…
Los problemas de verdad comenzaron poco después.

Alonso sigue comunicando. Voy a dejarle un sms. Estoy asustado. Era su voz, ella esta muerta, joder, pero era su voz al móvil.

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~ por netilium en mayo 31, 2007.

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